La llegada de Emma (VII): Juntas para siempre

Esta historia es una continuación de

 La llegada de Emma (I): Pasando las 40 semanas

La llegada de Emma (II): Cumpliendo 41 semanas.

La llegada de Emma (III): La inducción del parto

La llegada de Emma (IV): El ginecólogo chopper

La llegada de Emma (V): Preparación para la cesárea

La llegada de Emma (VI): La temida cesárea

Tardaron un poco en cerrar la operación y cuando por fin lo hicieron el doctor me informó que todo había salido perfecto, que tenía cicatriz de bikini, es decir horizontal y que eso me permitiría usar traje de baño en verano. En tono de broma le dije: Entonces me dejó como Niurka? todos en el quirófano se rieron. Aunque no entendí, entonces si quedé o no? ustedes qué creen?

Me pasaron a la sala de recuperación donde estábamos un señor anciano y yo. El señor gritaba de cuando en cuando, yo seguía temblando. La enfermera de esa área me dijo que tenía que mover las piernas para que me pasaran a un cuarto donde me dejarían estar con mi bebé. El tiempo pasó lentamente y conforme pasaba la anestecia sentía un dolor inmenso en la herida que solo el ketorolaco podía calmar.

2 hrs después me trajeron a la bebé para que le diera de comer, pues lloraba inconsolablemente (lo cual suele hacer), fue un momento maravilloso, ni siquiera me pude sentar, pero sentir que ella podía alimentarse de mi, que sabía dónde estaba la comida me hizo pensar que estábamos unidas. El momento se prolongó media hora, después se la llevaron de nuevo, pero no por mucho tiempo.

A las 10:00pm estaba en mi cuarto con la bebé y mi esposo. Me sentía en un sueño, ahí está mi chiquita, mi hermosa y pequeña Emma, que aunque nos hayan separado al nacer por las razones que sean no me siento triste, pues ahora estaremos juntas por siempre.

Te amo hija.

La llegada de Emma (VI): La temida cesárea

Esta historia es una continuación de

 La llegada de Emma (I): Pasando las 40 semanas

La llegada de Emma (II): Cumpliendo 41 semanas.

La llegada de Emma (III): La inducción del parto

La llegada de Emma (IV): El ginecólogo chopper

La llegada de Emma (V): Preparación para la cesárea

Y ahí estaba yo, acostada en posición de pollo en vitrina, piernas flexionadas y brazos extendidos en forma de cruz. No sentía nada debajo de mi cintura y tampoco podía ver, así que no sabía que hacer. Miré hacia el techo, solo estaban las luces del quirófano, a mi derecha el señor epidural y a mi izquierda la enfermera que solo estaba sentada leyendo mi expediente. Lo único que se me ocurrió fue orar para que todo saliera bien, nunca pensé que iba a morir, pero si lo hacía quería que mi hija estuviera bien y que mi esposo no se volviera a casar porque entonces vendría del más allá a jalarle los pies en la noche, si, todo eso piensa uno cuando está en “la plancha” jaja. 

Para mi buena suerte, señor epidural me sacó plática, no recuerdo de que, pero de cuando en cuando me decía que me estaban haciendo.

-Ya te están abriendo-

-Vas a sentir un poco de presión, van a sacar a la bebé-

La música seguía sonando de fondo, canciones de rock en español, Maná, El tri, los fabulosos cadillacs. La enfermera empezó a preguntarle al doctor sobre su consultorio particular donde hace inseminaciones artificiales y así sin más, le dio presupuestos e información. Me dieron ganas de decir: Oye! que aquí está pasando algo importante y ustedes hablando de otra cosa, es el nacimiento de m hija!, pero no lo hice, estaba demasiado “feliz” supongo.

Sentí que me aplastaban la panza, bueno, no lo sentí exactamente pero sabía que lo estaba haciendo, no recuerdo el nombre de la maniobra pero estoy segura que eso hicieron, en eso, suena una canción memorable, que marcará mi vida por siempre por su contenido cultural y profundo, bueno no, pero es la que estaba cuando por fin salió la nena, a que no adivinan:

Así es, Magneto presente en los mejores eventos.

-Está saliendo la bebé-

Un llanto fuerte…

-Es una niña-

-Acaba de orinar al doctor jaja-

-Viene con el cordón totalmente enredado en un pie!-

-Felicidades, acaba de nacer su niña-

Todo eso escuché en un segundo, traté de levantar la cabeza para verla pero lo único que vi fue la puerta del quirófano abrirse y  uno de los internos salir con un bultito en los brazos, ahí iba mi hija.

La operación siguió con tranquilidad y yo estaba con la zozobra de dónde se habrán llevado a mi hija, ni siquiera la había visto, cuándo volverá? , dónde está? y si se la roban?, el señor epidural que aparte de poner la anestecia se encarga de hacer “felices” a las embarazadas me dijo que no me estresara que en unos minutos la traerían y así fue.

El mismo interno la trajo, toda envueltita y me dio toda la información del nacimiento. Estaba toda hinchadita ella y tenía un lindo gorro blanco con un moñito, que detalle para ser un hospital público. Era la bebé más bonita que he visto en toda mi vida, no podía dejar de observarla. Me preguntó si quería darle un besito y se lo di, quería que me la dejaran pero en mi posición de pollo no podía abrazarla, estaba temblando desde que me pusieron la epidural y era peligroso para la niña, dijeron.

No me quedo más remedio, la separaron de mi otra vez.

Continuará…

La llegada de Emma (V): Preparación para la cesárea

Esta historia es una continuación de La llegada de Emma (I): Pasando las 40 semanas  La llegada de Emma (II): Cumpliendo 41 semanas.

La llegada de Emma (III): La inducción del parto

La llegada de Emma (IV): El ginecólogo chopper

Cuando el ginecólogo chopper me informó que sería una cesárea de emergencia puse la cara de la embarazada de arriba, no podía ser, había hecho todo lo posible por parir natural, la niña estaba de cabeza, no tenía enredado el cordón según los últimos ultrasonidos, ¿Por qué? ¿No hay otra opción?. El doctor me explicó amablemente que si continuaba con la inducción podría darle un paro cardiaco a la bebé con consecuencias fatales, no había otro camino.

Antes de que pudiera  reaccionar, los internos (aprendices de médico) estaban celebrando que tendrían una cesárea, si, ellos necesitan practicar, pero ponerse felices por operar a una mujer? eso es de locos, incluso escuché que se peleaban en voz baja por asistir al ginecólogo en la intervención. Me pareció algo de mal gusto pero ahora que lo pienso es parte de su trabajo y si yo fuera ellos también me hubiera puesto feliz de tener acción en un día tan flojo como ese.

Minutos después, llegó alguien que se presentó como enfermero de quirófano, muy amable, me explicó paso por paso el procedimiento por el que pasaría y con buen humor me preguntó cómo quería mi cicatriz. Me dio dos opciones: De alcancía o de bikini, añadiendo que si escogía la segunda mi esposo tendría que invitarles pastel y pizzas para la cena. En ese momento no capté el chiste, pero reí nerviosamente, cuál era la mejor cicatriz? no sabía.

Alcancía ?

Al parecer ese día todos estaban de buen humor, pues las enfermeras, después de fastidiarme durante las 3hrs que estuve en la sala de labor con que me pusiera el DIU me trajeron la hoja de consentimiento para firmar, me vendaron las piernas, me pusieron un gorrito y me despidieron con una sonrisa.

Llegamos al quirófano número 1, nada que ver con los de Grey´s Anatomy cabe resaltar… este era de color beige y es verdad, las salas de operación tienen las esquinas redondeadas. En el centro estaba una cama y a su alrededor dos banquitos. Me sentaron y un hombre con pijama verde se presentó como el anestecista, o sea el que me pondría la epidural. Inmediatamente simpaticé con él a pesar de su aspecto tosco, tengo una fijación con ese tipo de personas, de la que algún día les contaré en un post jaja, pero no me cayó tan bien cuando le indicó a la enfermera que tendrían que ponerme una nueva vía intravenosa pues la que tenía no le serviría si tiene que hacerme una transfusión sanguínea. Esperen, transfusión? o sea que puedo perder mucha sangre y morir? eso no me lo dijeron. Empecé a sentirme acalorada, ya estaba acostada y necesitaba sentarme, solo un poco, hacía mucho calor, sudaba, el señor epidural me decía que estuviera tranquila que nada pasaría, alcancé a ver la nueva intravenosa y era mucho más gruesa que la que tenía, de nuevo más calor e incomodidad, no podía estar, solo quería sentarme un momento…

Señor epidural me dijo amablemente, bueno, te vamos a ayudar un poco y tomó un medicamento introduciéndolo en mi antigua vía. Inmediatamente me sentí tranquila, pude respirar cómodamente y me dieron ganas de reir jaja como cuando Homero lamía sapos venenosos…

Me pusieron la epidural, la verdad no me dolió nada, sentí unos ligeros golpecitos pero nada del otro mundo. Entró el ginecólogo chopper y preguntó, puedo poner música? dije que sí y empezó a sonar la canción Matador de los Fabulosos Cadillacs, de muy mal gusto, pero en ese momento solo reí.

Continuará…

La llegada de Emma (IV): El ginecólogo chopper

Esta historia es una continuación de La llegada de Emma (I): Pasando las 40 semanas  La llegada de Emma (II): Cumpliendo 41 semanas.La llegada de Emma (III): La inducción del parto

Es bien sabido que los médicos en el área de quirófano no utilizan batas, se ponen algo que llaman pijamas. La primera vez que lo escuché, casi me muero de la risa, pues me los imaginé así:

Aunque no está tan lejos de la realidad, el uniforme de pijamas es realmente así:

En la cabeza llevan un gorrito del mismo material que el pijamas, aunque las enfermeras que me atendieron llevaban sábanas de hospital amarradas en la cabeza que hacía que parecieran árabes jaja, pero eso no fue lo más extraño, el ginecólogo traía un gorrito un tanto peculiar.

La modernidad llegó a los quirófanos, pero mi doctor se pasó de moderno. No traía un gorro de quirófano, traía una banda de chopper! de esas que se ponen debajo del casco de motocicleta con un estampado más o menos así:

¿Qué pensarían ustedes si el doctor que los atendiera trajera un atuendo semejante y de paso se durmiera al ritmo del grupo Maná?

Como todo ser humano, el prejuicio me ganó y en un principio dudé de la capacidad médica del ginecólogo, pues yo me imaginaba a alguien formal y serio, todo lo contrario a lo que me tocó. Cuando me comentó que me haría una cesárea, inmediatamente empezó a bromear preguntándome si quería la cicatriz de alcancía o de bikini, en mis nervios no captaba el chiste y esto le causaba más gracia.

La verdad, este doctor me demostró que no hace falta la seriedad cuando de hacer bien un trabajo se trata. Me hizo una operación impecable que otros médicos que me revisaron después elogiaron con justa razón, me hizo el favor de ponerme puntos que se absorben para evitarme la pena de que me quitaran hilos de nylon y salió personalmente a informar a mi familia cómo había estado la operación, a pesar de que estábamos en la seguridad social, donde esas formalidades se olvidan.

Días después me enteré que, efectivamente pertenece al grupo de doctores chopper de la seguridad social que pasean en moto de cuando en cuando y están en su segundo aire de juventud, así que la próxima vez que vea un gorro de quirófano con calaveras me dejaré atender confiada en mi experiencia pasada. Eso espero.

La llegada de Emma (III) : La inducción del parto

Esta historia es una continuación de La llegada de Emma (I): Pasando las 40 semanas y La llegada de Emma (II): Cumpliendo 41 semanas.

Con la oxitocina vía intravenosa y los monitores puestos supuse que podría dormir un rato antes de que empezaran las contracciones, así que me acomodé lo mejor posible en la camilla intentando dormitar. Como fondo escuchaba el monitor de la mujer que quedaba conmigo en la sala de labor, el monitor de mi bebé y un murmullo musical que me parecía una canción de Maná, además de el sonidito que hacen los iphones cuando llega un mensaje.

La naturaleza me hizo curiosa así que pasé mis ojos cual escáner por todo el lugar para saber de dónde provenía aquella música que murmuraba. Mi oído musical me condujo hasta la camilla de enfrente, el doctor tenía música en su celular! al principio me pareció una falta de respeto hacia nosotras las parturientas, pero al notar su aspecto locochón y un poco cansado, decidí darle una oportunidad. Total, no tenía otra cosa que hacer ese día.

Llegaron las 5:00 de la tarde, tenía una hora con el medicamente y los internos me habían hecho la entrevista de rutina unas tres veces. De verdad, tres veces, no sé por qué. Llego a pensar que era para saber si estaba lúcida todavía, ni que me hubieran puesto qué en la intravenosa jaja, me preguntaban si sentía algo, pero nada…

5:05 el monitor empezó a emitir un pitido y se prendió una luz roja que parpadeaba rítmicamente. Lo miré y leí los números que aparecían 168, 175, 180, 190, 180, 165.  ¿Qué pasa? no se supone que el corazón no debe pasar de 160? por qué nadie viene? Llamé a una de las enfermeras, quien a su vez llamó a uno de los internos.

-Es una contracción- me informó y nunca fui más feliz, a pesar de que no sentía nada.

5:15 otra vez ese pitido infernal, nadie viene de nuevo. Le gritó a los internos, pueden venir por favor? Me tocaron la panza y me preguntaron si sentía algo, nuevamente no.

-Debes tolerar mucho el dolor- dijo y me sentí la mujer maravilla.

5:30 -pi, pi, pi , pi piiii- luz roja, luz roja, luz roja de nuevo. El doctor se despierta de un salto y corre hacia mi monitor.

-Sientes algo?- preguntó

-No- respondí

-Mmm ¿Por qué no me había llamado?- dijo mirando a los internos, a mi se me paralizó el corazón…

-¿Qué pasa?- pregunté

-Se le está acelerando el corazón a tu bebé, no va a aguantar el trabajo de parto, te tendré que hacer una cesárea-

Continuará….

 

La llegada de Emma (IV): El ginecólogo chopper

La llegada de Emma (II): Cumpliendo 41 semanas

Este relato es la continuación de La llegada de Emma (I): Pasando la semana 40

La noche del viernes fui a caminar como de costumbre y mi frase era “Si no me dan contracciones, por lo menos tendré unas piernas torneadas después del parto” jaja, trataba de estar optimista, pero muy en el fondo estaba preocupada porque algo saliera mal, pues no faltaban los comentarios tipo

-“no se te vaya a pasar el parto”

aaay nadie les dice que eso realmente estresa mucho a una futura madre? es muy molesto. No lo haré nunca. Créanme que después de escucharlo tantas veces uno termina muy enfadada. En fin.. continúo.

Pensé que me costaría trabajo dormir, pero no fue así. Me recosté y pasé una buena noche. La última que he dormido completa desde entonces.

Me levanté tarde, vamos que no me dieron hora para ir a la inducción, así que me tomé mi tiempo, la bebé se movía bien, me bañé, me cambié, me planché el cabello (si con esa calma…) y pedí mi último antojo del embarazo: una torta de carne asada, por suerte frente al hospital venden las mejores de la ciudad.

A mediodía ahí estábamos degustando el delicioso manjar, cuando llega mi madre y empieza a capturar mi momento de atiborramiento pre-parto, mi idea era entrar bien llena a la revisión pues me han contado que las inducciones duran muchísimas horas y no te dan de comer ni de beber. Así que barriga llena, corazón contento avanzo hacia el área de urgencias, donde me pasaron, me revisaron y decidieron dejarme dentro, eran ya las 3 de la tarde.

La enfermera que me atendió era la mar de platicadora, así que mientras me ponía la bata, me revisaba si traía pintadas las uñas o si traía piercings en los lugares más insospechados (al parecer la semana pasada alguien traía un piercing “ahí” y las enfermeras no se dieron cuenta hasta la hora del parto) me comentaba acerca de su trabajo, sus hijos, el clima, etc. lo que me tranquilizó mucho. Mandaron llamar a mi esposo para que nos despidiéramos, ahí si me dió miedo, despedirnos por qué? acaso no lo volveré a ver? jaja le di un beso apasionado, bueno, más bien nervioso y me llevaron en silla de ruedas hacia el área de labor de parto, a pesar de que les demostré que podía caminar los 10 metros que nos separaban, alegando que era protocolo del hospital.

Llegando a la “toco”, lo primero que noté, aparte de los médicos en los famosos pijamas que me parecen graciosos, fue una línea roja en el piso que al parecer mi amigable enfermera no podía cruzar, en ese momento me di cuenta que quedaba desprotegida, a la deriva con nuevas enfermeras y médicos en un área restringida.

Me asignaron una cama y mientras esperaba analicé la cara de los médicos intentando descubrir cuál de ellos sería el ginecólogo en turno. Había otras dos mujeres en el área, fue un sábado tranquilo,una de ellas estaba llorando sentada y la otra estaba acostada con monitores emitiendo quejidos de cuando en cuando. Me recosté y me pusieron unos zapatos de tela, hacía frío y me dieron ganas de hacer pis. Pregunté dónde estaba el baño, pero me informaron que a partir de ahora haría en un cómodo, que dicho sea de paso, de cómodo no tiene nada…

Así que con una bata abierta por detrás y toda la vergüenza del mundo, tuve que hacer mis necesidades en esa cosa. Confieso que después de hacerlo unas 3 veces hasta me pareció la cosa más normal del mundo, locura de hospital, supongo.

Me colocaron los monitores y la intravenosa a eso de las 4:00, se presentó el ginecólogo, al cuál no había visto antes, explicándome el proceso: me pondrían oxitocina vía intravenosa, el cual me provocaría contracciones y al cabo de unas 6 horas tendría a mi niña en brazos. Estaba demasiado contenta.

La mujer que lloraba fue dada de alta y las enfermeras comentaron que le habían hecho un legrado. El ginecólogo se recostó a dormir en la camilla de enfrente, pues estaba de guardia desde un día antes y me dejó encargada con los internos sin saber lo que iba a pasar…

Continuará…

 

La llegada de Emma (III): La inducción del parto

 

La llegada de Emma (I) : Pasando la semana 40.

Poco a poco les iré contando que ha pasado en estas últimas semanas con la llegada de Emma en esta serie de posts que casualmente se titulan así: La llegada de Emma.

En esta primera entrega contaré acerca de lo que pasó después de que llegamos a la “meta” la temida semana 40.

Llegamos a la fecha probable de parto (FPP) el 25 de Mayo sin contracciones ni señales de parto, además era luna llena y con mucha expectativa mi familia esperaba ansiosa esa noche de sábado donde todo podía suceder. Ese día fuimos a caminar, como casi todas las noches desde la semana 38, un paseo cerquita del mar para que según lo que cuentan las abuelitas la marea  “jalara” a la bebé hacia afuera. No sé si fue sugestión o qué pero cada día sentía a la bebé mucho más abajo, enterradita en la pelvis, sentía que poco a poco se me abría, pero nada de contracciones. Caminamos cerca de una hora y nada, otra hora y nada, al final estaba tan cansada que dormí muchas horas sin levantarme al baño, lo que me causó un dolor terrible en el área de la vejiga el domingo por la mañana. Pero al pasar de las horas se me quitó.

Es de suponer que la familia hablaba a diario para saber las novedades acerca de mi parto, se comunicaban tanto y por tantos medios que llegue a pensar en desconectar el teléfono, cosa que hice durante un rato, pero mi esposo lo volvió a conectar para atender él mismo las llamadas y evitarme molestias.

Entonces, entré en lo que llamo “depresión pre-parto”. Empecé a preguntarme ¿Por qué no he entrado en trabajo de parto si ya salió el tapón mucoso? ¿Mi cuerpo no estará preparado para tener a la bebé? ¿Algo va mal?. Aunado a eso me sentía más gorda que nunca, me costaba acomodarme para dormir y las visitas que tenía programadas cada tercer día  a urgencias me sacaban de quicio. De verdad que llegué a pensar que no servía para esto de “parir hijos”. Agradezco a mi esposo el que haya sido tan paciente conmigo en esos momentos.

A mediados de la semana 40 fui a urgencias obstétricas a mi visita programada de monitoreo, iba nerviosa esperando que cuando me hicieran el tacto (cosa que hacían en cada visita y merece post aparte) tuviera algo de dilatación. Me tocó una ginecóloga joven que me levantó el ánimo diciéndome que mi cuerpo estaba totalmente preparado para dejar salir a la pequeña Emma, sólo faltaba que ella hiciera el trabajo, también me comentó que las mujeres estamos hechas para parir y que no debía dejar que nadie me quitara ese derecho, a menos que se tratara de un caso de vida o muerte para mi o para mi bebé. Me citó para el viernes si no iniciaban los dolores.

Llegó el viernes… estaba de 40+6 y el doctor en turno anunció “la política del hospital es no dejar pasar de la semana 41, han pasado muchos accidentes, si no empieza labor de parto hoy, mañana se lo inducimos”

Bueno, por lo menos podría sentir los dolores de las contracciones y dar a luz a mi niña…

Continuará…

La llegada de Emma (II): Cumpliendo 41 semanas.

 

Mis miedos escondidos

Han llegado las 40 semanas de embarazo y no hay señales de que esta bebé quiera nacer, tengo contracciones pero muy aisladas sin dolor, pero nada más. Todo mundo pregunta si ya nació, si me voy a quedar para muestra, que si se me está pasando el parto y eso, aunque pensaba que no me afectaba, he descubierto que si.

Muchas veces en mi vida me he revelado a mí misma miedos que tenía escondidos en lo más profundo. Mi naturaleza es ser una persona algo perfeccionista, un tanto ansiosa, nerviosa y a veces algo extrema con el fin de que las cosas que me propongo salgan bien, todo dentro de la legalidad, no se preocupen. Lo heredé de mi madre, estoy segura y sé que esta parte de nuestra personalidad nos ha causado mucho dolor a ambas en nuestras vidas, pero ella ha aprendido a lidiar un poco con eso y yo, a esconderlo en lo más profundo, sin darme cuenta.

Hay muchos ejemplos que podría dar, pero los que más me han impactado son 2.

El primero, cuando estaba haciendo mi tesis de la licenciatura en educación especial, llevaba más de 6 meses trabajando en un documento sin pies ni cabeza, mi asesora no decía nada pues confiaba en mis dotes de buena estudiante y que poco a poco tomaría forma, pero no era así, el tiempo avanzaba y el trabajo era absurdamente inútil. Empecé a estresarme, ponerme muy ansiosa y entre tanto descubrí que tenía miedo a que mi trabajo no superara las expectativas de mis evaluadores, siempre había sacado buenas calificaciones y temía decepcionar a las personas. Cuando supe esto, después de muchas semanas de introspección y desahogo, yo lo llamaba mis periodos de dudas existenciales, un buen amigo me ayudó a retomar el rumbo como más me gusta, con un método paso a paso para elaborar mi trabajo. Funcionó perfecto, terminé en 1 mes lo que no hice en muchos y estuve satisfecha.

El segundo, cuando intentábamos quedar embarazados. Esta historia ya la conté en este post y se resolvió cuando entendí lo que pasaba, estaba preocupándome demasiado. Me ocupé en otras cosas y aquí estamos ahora.

Al día de hoy y después de aullarle toda la noche a la luna llena, de verdad fue lo único que me faltó jaja, amanecí decepcionada y sin señales de parto. Después de tuitear lo ocurrido, me llega un mensaje que me hizo reflexionar (gracias Vivi) y empiezo a comprender que realmente no me siento preparada para el parto, tengo mucho miedo que  algo le pase a mi bebé e inconscientemente siento que está mejor dentro de mi, además tengo la presión de entregar unas cosas del trabajo… y demás.

Tengo que aprender a relajarme un poco, dejar la casa tirada, los papeles sin entregar, los posts sin programar, pero todo eso va poco a poco.

Aclaro que no estoy tan loca como antes, he mejorado, he aprendido a dejar cosas, pero aún me cuesta trabajo, supongo que esto será de toda la vida, pero por ahora lo haré por mi bebé, para ayudarle a que nazca, ella tiene que saber que me muero de ganas de tenerla en mis brazos y que todo va a salir bien. Si no tengo confianza yo, ¿Cómo podré transmitirsela a ella?

Por cierto les recomiendo este artículo que me pasaron: El reflejo de eyección materno-fetal.

Tengo una duda: ¿Es posible trabajar desde casa?

Desde que estoy embarazada he pensado seriamente en la posibilidad de encontrar un trabajo desde casa, he escuchado de muchas madres emprendedoras que no necesitan salir para traer ingresos al hogar. ¿Pero esto es realmente posible?

Soy una persona bastante inquieta acerca del mundo laboral, de hecho tengo un trabajo que podría llamarse “seguro” como maestra (aunque como están las cosas en México ya nada te da seguridad) pero ahora que tendré a mi hija en casa no me gustaría dejarla en una guardería mientras voy al trabajo, sobretodo porque, a pesar de laborar 4:30hrs diarias tengo que viajar al pueblito hermoso donde está mi lugar de trabajo 1hr de vuelta y 1hr de regreso, lo que hace un total de 6:30hrs. Agregándole el tiempo que debo emplear en las tareas del hogar, compromisos sociales, cursos obligatorios del trabajo, me quedaría muy poco tiempo para dedicarle a la niña. No quiero eso. Quiero criarla con todo el amor y tiempo del mundo, pero no sé si es posible.

Esta es mi situación:

  • He leído de algunas opciones, pero no quiero dedicarme al mundo de las ventas, soy pésima para ello… tampoco sé cocinar taaan bien o hacer manualidades preciosas, me considero en un nivel principante/intermedio en esas habilidades. 
  • Tengo otro blog sobre Educación con muchas más visitas que este (www.maestrosdeapoyo.com) pero he perdido la esperanza en que Google AdSense responda a mis súplicas de introducir publicidad en él.
  • Me encanta escribir sobre temas de educación y maternidad (aunque de esto último sé muy poco)
  • Vivo en México y no hay tantas oportunidades, que yo sepa, para participar con empresas (ya pertenezco a madresfera y latina mom bloggers)

Así que lanzo esta pregunta al mundo de la blogósfera:

¿Es posible trabajar desde casa?

¿Qué tipo de embarazada fashion eres?

 

Algunas personas piensan que el embarazo es una época para lucir lo más cómoda posible, otras lo más fashion trendy que puedan.

Sin duda es un reto encontrar ropa que nos parezca bonita/cómoda/accesible en estas épocas, aunque siempre podemos recurrir a la vecina costurera para mandarnos hacer ropa al gusto, pero no todas tenemos estas posibilidades.

Aquí les presento los 3 tipos de embarazadas fashion que he visto para que se ubiquen en cuál están ustedes:

1. Embarazada fashion me sigue quedando la ropa de moda

Claro ejemplo, Kim Kardashian, que pobre, bastante tiene con las críticas en revistas para que yo siga diciendo cosas de ella aquí, pero tal parece que siguió comprando en las mismas tiendas solo unas tallas más grandes, lo que la hace ver un poco ancha en ocasiones o muy entallada.

Te seguiste poniendo la misma ropa a pesar de que esta ya te quedaba ceñida? o buscaste por todos los medios no comprar ropa en tienda de embarazadas.

Tu eres una embarazada fashion a la Kardashian.

2. Embarazada fashion sport 

Lo tuyo es la comodidad, que más da si vas a una consulta médica, al trabajo o estás en tu casa, la ropa sport es lo tuyo. Pantalones tipo mallas, pans, playeras holgadas o de licra.

3. Embarazada fashion classy

Quieres conservar un estilo conservador, pero a la vez con mucha clase y moda. Te mandaste hacer o compraste ropa especial para embarazadas que hace lucir tu panza y a la vez es cómoda?

Y tu que tipo de embarazada fashion eres/fuiste?

 

Yo creo que al principio fui un poco la número 3 y ahora con la panza tremenda de 38 semanas he optado por dejar lo classy y volverme un poco sport. Eso si, el estilo de Kim Kardashian me parece muy incómodo, por lo que considero no es lo mío.